jueves, 10 de octubre de 2013

¡Suelta el vaso!

Hace unos días, navegando por la red, encontré esto. No se si será cierto o no, pero está claro que es una reflexión razonable y positiva que, según mi modesta opinión, nos puede beneficiar a muchos si lo tomamos en cuenta. Creo que os interesará y dará que pensar así que aquí lo dejo para que reflexionéis.

Un psicólogo en una sesión grupal levantó un vaso de agua. Todo el mundo esperaba la típica pregunta: ¿está medio lleno o medio vacío? Sin embargo, preguntó: "¿cuánto pesa este vaso?"

Las respuestas variaron entre 200 y 250 gramos. Entonces el psicólogo les dijo: 
"El peso absoluto no es importante. Tan sólo depende de cuánto tiempo lo sostengo. Si lo sostengo un minuto, no es problema, si lo sostengo una hora me dolerá el brazo, si lo sostengo un día mi brazo se entumecerá y paralizará. El peso del vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto más pesado y más difícil de soportar se vuelve". Poco después continuó: "Las preocupaciones son como el vaso de agua. Si piensas en ellas un rato no pasa nada, si piensas un poco más empiezan a doler y si piensas en ellas todo el día acabas sintiéndote paralizado e incapaz de hacer nada."

ACUÉRDATE DE SOLTAR EL VASO.



No se trata de dar de lado a los problemas. Obviamente deben solucionarse para que éstos no se hagan más grandes. Pero tampoco debemos estar todas las horas de nuestra vida pensando en ellos. Cada cosa tiene su momento. Los problemas tienen el suyo y hay que saber cuando dejar de preocuparse por ellos para atender otros asuntos de nuestra vida. 

Dichos problemas pueden enfrentarse de dos formas: si te ves capaz, puedes solucionarlos tú mismo; o bien, si no les encuentras solución, pedir ayuda a la persona o personas que sepas que te pueden ayudar. Aunque dicha ayuda sea simplemente que te escuchen, que puedas desahogar tus penas con alguien.

Hablar de nuestras preocupaciones es muy beneficioso. Si no lo hicieras, probablemente acabarías estando siempre de mal humor, cada día más. Cosa que podría llevarte a enfados por cosas absurdas que nada tienen que ver con la causa de tu malestar, provocando discusiones con tus seres queridos. Si esta situación no se controlara a tiempo podría causar la pérdida de esas personas importantes en tu vida. Y nadie quiere eso, ¿verdad?

Por ello, animo a todas esas personas que guardan para sí mismos sus sentimientos y preocupaciones a deshacerse de ellos. Pedid ayuda, pedid consejo. Porque no sois dioses y no podéis arreglar todos los problemas que se os presenten vosotros solos. Porque siempre habrá alguien dispuesto a ayudar.


1 comentario:

  1. El relato del psicólogo me cuerda a un cuento de Jorge Bucay,cierto o no,no deja de ser bastante real.

    ResponderEliminar